
A propósito de San Valentín me puse a ver mi vida en un segundo, como cuando la ven las personas que están a punto de morir, y me vi, ahí, tratando de conquistar el mundo, y sola. Qué linda cochinada.
Cuántos cuerpos, cuántas camas y en ninguna he sentido eso que todo el mundo dice haber sentido y estar satisfechos de haberlo hecho. Me dan pena, como viven engañados con esa falsa satisfacción.
Por lo que a mi respecta, me cuesta llegar al orgasmo y me da muchas ganas de hecharle la culpa a todos esos inéptos inúteles que lo único que quieren es escuchar un orgasmo fingido para no sentirse con la virilidad herida; pero tengo que admitirlo, lo que yo tengo no depende en absoluto de lo físico, y no importa cuánto se esfuercen. Va mucho más allá.
Y después viene el sentimiento de culpa, al darme cuenta de que no he amado a nadie en toda mi vida (y ser amada a la vez), y que todos mis polvos se han estado desperdiciando; y me siento sucia; y me siento vacía cada vez.
Y pienso, estoy en el lugar equivocado en el tiempo equivocado. Genial.
Por suerte, he aprendido que la tierra no es el centro de nada, y que no existe nada extrínsicamente especial acerca de la tierra, ni de la raza humana.
Así que por qué preocuparse por encontrar sentir esa corriente con alguien que no está en la misma frecuencia que uno.
Tan trivial todo esto.
C.
14/Feb/2011